dilluns , juliol 23 2018

Full parroquial – A la luz del maestro

 

 

 

 

 

 

Horaris i intencions de pregàries en les Eucaristies:

Diumenge:

10:00h: per els qui pertoca

12:00h: per els qui pertoca

19:00h: per els qui pertoca

Dilluns:         Mn. Joan Bernadas

Dimarts:        per els qui pertoca

Dimecres:     per els qui pertoca

Dijous:           Familia Ricart Novell

Divendres:   Llorenç

Dissabte:       per els qui pertoca

Diumenge:

10:00h: per els qui pertoca

12:00h: per els qui pertoca

19:00h: per els qui pertoca

ACTIVITATS PARROQUIALS

Atenció al despatx parroquial: dimarts i divendres, de 18 a 19h.

Confessions: en horari de despatx, o en hores convingudes.

Horari d’estiu:

  • De dilluns a dissabte, missa a les 19h.
  • Diumenges a les 12h.

 

Parròquia Sant Cebrià de Barcelona

Arenys 65, 08035 Barcelona

Tlf. 605687156

Email: santcebria65@gmail.com

Web: santcebriabcn.org

 

SANT JOAN

24 de Juny de 2018

GAUDETE ET EXSULTATE (10) A la Luz del Maestro

Alegraos siempre en el Señor. Os lo repito: ¡Alegraos! (Fl 4, 4)

«Felices los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios»

 

  1. Esta bienaventuranza se refiere a quienes tienen un corazón sencillo, puro, sin suciedad, porque un corazón que sabe amar no deja entrar en su vida algo que atente contra ese amor, algo que lo debilite o lo ponga en riesgo. En la Biblia, el corazón son nuestras intenciones verdaderas, lo que realmente buscamos y deseamos, más allá de lo que aparentamos: «El hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón». Él busca hablarnos en el corazón y allí escribir su Ley; quiere darnos un corazón nuevo.
  2. Lo que más hay que cuidar es el corazón. Nada manchado por la falsedad tiene un valor real para el Señor. Él «huye de la falsedad, se aleja de los pensamientos vacíos». El Padre, que «ve en lo secreto», reconoce lo que no es limpio, es decir, lo que no es sincero, sino solo cáscara y apariencia, así como el Hijo sabe también «lo que hay dentro de cada hombre».
  3. No hay amor sin obras de amor, pero esta bienaventuranza nos recuerda que el Señor espera una entrega al hermano que brote del corazón, ya que «si repartiera todos mis bienes entre los necesitados, pero no tengo amor, de nada me serviría». En Mateo vemos que lo que viene de dentro del corazón es lo que contamina al hombre, porque de allí proceden los asesinatos, el robo, los falsos testimonios, y demás cosas. En las intenciones del corazón se originan los deseos y las decisiones más profundas que nos mueven.
  4. Cuando el corazón ama a Dios y al prójimo, ese corazón es puro y puede ver a Dios. San Pablo, en medio de su himno a la caridad, recuerda que «ahora vemos como en un espejo, confusamente», pero en la medida que reine de verdad el amor, nos volveremos capaces de ver «cara a cara». Jesús promete que los de corazón puro «verán a Dios». Mantener el corazón limpio de todo lo que mancha el amor, esto es santidad.

 

«Felices los que trabajan por la paz, ellos serán llamados hijos de Dios»

  1. Esta bienaventuranza nos hace pensar en las numerosas situaciones de guerra que se repiten. Para nosotros es muy común ser agentes de enfrentamientos o al menos de malentendidos. Por ejemplo, cuando escucho algo de alguien y voy a otro y se lo digo; e incluso hago una segunda versión un poco más amplia y la difundo. Y si logro hacer más daño, parece que me provoca mayor satisfacción. El mundo de las habladurías, hecho por gente que se dedica a criticar y a destruir, no construye la paz. Esa gente más bien es enemiga de la paz y de ningún modo bienaventurada.
  2. Los pacíficos son fuente de paz, construyen paz y amistad social. A esos que se ocupan de sembrar paz en todas partes, Jesús les hace una promesa hermosa: «Ellos serán llamados hijos de Dios». Él pedía a los discípulos que cuando llegaran a un hogar dijeran: «Paz a esta casa». La Palabra de Dios exhorta a cada creyente para que busque la paz junto con todos. Y si en alguna ocasión en nuestra comunidad tenemos dudas acerca de lo que hay que hacer, «procuremos lo que favorece la paz» porque la unidad es superior al conflicto.
  3. No es fácil construir esta paz evangélica que no excluye a nadie sino que integra también a los que son algo extraños, a las personas difíciles, a los que reclaman atención. Es duro y requiere una gran amplitud de mente y de corazón, ya que no se trata de «un consenso de escritorio», ni de un proyecto «de unos pocos para unos pocos». Tampoco pretende ignorar o disimular los conflictos, sino «aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso». Se trata de ser artesanos de la paz, porque construir la paz es un arte que requiere serenidad, creatividad, sensibilidad y destreza. Sembrar paz a nuestro alrededor, esto es santidad.

«Felices los perseguidos por causa de la justicia, de ellos es el reino de los cielos»

 

  1. Jesús mismo remarca que este camino va a contracorriente hasta el punto de convertirnos en seres que cuestionan a la sociedad con su vida, personas que molestan. Jesús recuerda cuánta gente es perseguida sencillamente por haber luchado por la justicia. Para evitar la mediocridad, no pretendamos una vida cómoda, porque «quien quiera salvar su vida la perderá».
  2. No se puede esperar que todo a nuestro alrededor sea favorable, porque muchas veces las ambiciones del poder y los intereses mundanos juegan en contra nuestra. San Juan Pablo II decía que «está alienada una sociedad que, en sus formas de organización social, de producción y consumo, dificulta la donación de uno mismo y la formación de esa solidaridad interhumana». En una sociedad así, que impide un auténtico desarrollo humano y social, se vuelve difícil vivir las bienaventuranzas, llegando incluso a ser algo mal visto, sospechado, ridiculizado.
  3. La cruz, sobre todo los cansancios y los dolores que soportamos por vivir el mandamiento del amor y el camino de la justicia, es fuente de maduración y de santificación. Recordemos que cuando el Nuevo Testamento habla de los sufrimientos que hay que soportar por el Evangelio, se refiere precisamente a las persecuciones.
  4. Pero hablamos de las persecuciones inevitables, no de las que podamos ocasionarnos nosotros mismos con un modo equivocado de tratar a los demás. Un santo no es alguien raro, lejano, que se vuelve insoportable por su vanidad, su negatividad y sus resentimientos. El libro de los Hechos cuenta insistentemente que los Apóstoles gozaban de la simpatía «de todo el pueblo», mientras algunas autoridades los acosaban y perseguían.
  5. Las persecuciones no son una realidad del pasado, porque hoy también las sufrimos, sea de manera cruenta, como tantos mártires contemporáneos, o a través de calumnias y falsedades. También a través de burlas que intentan desfigurar nuestra fe y hacernos pasar como seres ridículos. Aceptar cada día el camino del Evangelio aunque nos traiga problemas, esto es santidad.

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