dilluns , juny 18 2018

Gaudete et exultate! – El full parroquial

 

 

 

 

Horaris i intencions de pregàries en les Eucaristies:
Diumenge:
10:00h: per els qui pertoca
12:00h: per els qui pertoca
19:00h: per els qui pertoca
Dilluns: per els qui pertoca
Dimarts: per els qui pertoca
Dimecres: per els qui pertoca
Dijous: per els qui pertoca
Divendres: per els qui pertoca
Dissabte: per els qui pertoca
Diumenge:
10:00h: per els qui pertoca
12:00h: per els qui pertoca
19:00h: per els qui pertoca

ACTIVITATS PARROQUIALS

Atenció al despatx parroquial: dimarts i divendres, de 18 a 19h.

Confessions: en horari de despatx, o en hores convingudes.

Reunió del voluntariat de Caritas: dimarts 12, els voluntaris de Caritas som convocats per l’arxiprest a fer una trobada conjunta. Serà a la P. Joan Cornudella 16, a les 16:30h.

Portes obertes: dissabte 16, de 12h a 14h, un grup de voluntaris de la parròquia s’oferirà a ensenyar i explicar les diferents instal·lacions i activitats que es duen a terme a la parròquia. Convideu-hi a tots els qui els pugui interessar!

Dinar del voluntariat: el mateix dissabte 16, tots els voluntaris de la parròquia són convidats a un dinar parroquial, per agrair-nos junts tota la tasca realitzada. Cal que cadascú s’hi apunti amb el seu responsable.
Parròquia Sant Cebrià de Barcelona
Arenys 65, 08035 Barcelona
Tlf. 605687156
Email: santcebria65@gmail.com
Web: santcebriabcn.org
DIUEMENGE VII DE PASQUA
10 de Juny de 2018
GAUDETE ET EXSULTATE (8) A la Luz del Maestro
Alegraos siempre en el Señor. Os lo repito: ¡Alegraos! (Fl 4, 4)

63. Puede haber muchas teorías sobre lo que es la santidad. Esa reflexión podría ser útil, pero nada es más iluminador que volver a las palabras de Jesús y recoger su modo de transmitir la verdad. Jesús explicó con toda sencillez qué es ser santos, y lo hizo cuando nos dejó las bienaventuranzas. Son como el carnet de identidad del cristiano. Así, si alguno de nosotros se plantea la pregunta: «¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?», la respuesta es sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en las bienaventuranzas.

64. La palabra «feliz» o «bienaventurado», pasa a ser sinónimo de «santo», porque expresa que la persona que es fiel a Dios y vive su Palabra alcanza, en la entrega de sí, la verdadera dicha.

65. Aunque las palabras de Jesús puedan parecernos poéticas, sin embargo van muy a contracorriente con respecto a lo que es costumbre, a lo que se hace en la sociedad; y, si bien este mensaje de Jesús nos atrae, el mundo nos lleva hacia otro estilo de vida. Las bienaventuranzas de ninguna manera son algo superficial; al contrario, solo podemos vivirlas si el Espíritu Santo nos invade con toda su potencia y nos libera de del egoísmo, de la comodidad, del orgullo.
«Felices los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de
los cielos»

67. El Evangelio nos invita a reconocer la verdad de nuestro corazón, para ver dónde colocamos la seguridad de nuestra vida. Normalmente el rico se siente seguro con sus riquezas, y cree que cuando están en riesgo, todo el sentido de su vida en la tierra se desmorona. Jesús mismo nos lo dijo en la parábola del rico insensato, de ese hombre seguro que, como necio, no pensaba que podría morir ese mismo día.

68. Las riquezas no te aseguran nada. Es más: cuando el corazón se siente rico, está tan satisfecho de sí mismo que no tiene espacio para la Palabra de Dios, para amar a los hermanos ni para gozar de las cosas más grandes de la vida. Así se priva de los mayores bienes. Por eso Jesús llama felices a los pobres de espíritu, que tienen el corazón pobre, donde puede entrar el Señor con su constante novedad.

69. Esta pobreza de espíritu está muy relacionada con aquella «santa indiferencia» que proponía san Ignacio de Loyola, en la cual alcanzamos una hermosa libertad interior: «Es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás».

70. Lucas no habla de una pobreza «de espíritu» sino de ser «pobres» a secas, y así nos invita también a una existencia austera y despojada. De ese modo, nos convoca a compartir la vida de los más necesitados, la vida que llevaron los Apóstoles, y en definitiva a configurarnos con Jesús, que «siendo rico se hizo pobre». Ser pobre en el corazón es santidad.

«Felices los mansos, porque heredarán la tierra»

71. Es una expresión fuerte, en este mundo que desde el inicio es un lugar de enemistad, donde se riñe por doquier, donde por todos lados hay odio, donde constantemente clasificamos a los demás por sus ideas, por sus costumbres, y hasta por su forma de hablar o de vestir. En definitiva, es el reino del orgullo y de la vanidad, donde cada uno se cree con el derecho de alzarse por encima de los otros. Sin embargo, aunque parezca imposible, Jesús propone otro estilo: la mansedumbre. Es lo que él practicaba con sus propios discípulos y lo que contemplamos en su entrada a Jerusalén: «Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica» (Mt 21,5).

72. Él dijo: «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas». Si vivimos tensos, engreídos ante los demás, terminamos cansados y agotados. Pero cuando miramos sus límites y defectos con ternura y mansedumbre, sin sentirnos más que ellos, podemos darles una mano y evitamos desgastar energías en lamentos inútiles. Para santa Teresa de Lisieux «la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no escandalizarse de sus debilidades».

73. Pablo menciona la mansedumbre como un fruto del Espíritu Santo. Propone que, si alguna vez nos preocupan las malas acciones del hermano, nos acerquemos a corregirle, pero «con espíritu de mansedumbre», y recuerda: «Piensa que también tú puedes ser tentado». Aun cuando uno defienda su fe y sus convicciones debe hacerlo con mansedumbre, y hasta los adversarios deben ser tratados con mansedumbre. En la Iglesia muchas veces nos hemos equivocado por no haber acogido este pedido de la Palabra divina.

74. La mansedumbre es otra expresión de la pobreza interior, de quien deposita su confianza solo en Dios. De hecho, en la Biblia suele usarse la misma palabra anawin para referirse a los pobres y a los mansos. Alguien podría objetar: «Si yo soy tan manso, pensarán que soy un necio, que soy tonto o débil». Tal vez sea así, pero dejemos que los demás piensen esto. Es mejor ser siempre mansos, y se cumplirán nuestros mayores anhelos: los mansos «poseerán la tierra», es decir, verán cumplidas en sus vidas las promesas de Dios. Porque los mansos, más allá de lo que digan las circunstancias, esperan en el Señor, y los que esperan en el Señor poseerán la tierra y gozarán de inmensa paz. Al mismo tiempo, el Señor confía en ellos: «En ese pondré mis ojos, en el humilde y el abatido, que se estremece ante mis palabras». Reaccionar con humilde mansedumbre, esto es

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