dilluns , octubre 22 2018

Los sacramentales. – El agua bendita

 

 

 

 

 

Horaris i intencions de pregàries en les Eucaristies:

Diumenge:

10:00h: per els qui pertoca

12:00h: per els qui pertoca

19:00h: per els qui pertoca

Dilluns:         per els qui pertoca

Dimarts:        per els qui pertoca

Dimecres:     ————————-

Dijous:           per els qui pertoca

Divendres:   Pilar Villanueva

Dissabte:      per els qui pertoca

ACTIVITATS PARROQUIALS

Atenció al despatx parroquial: dimarts i divendres, de 18 a 19h.

Confessions: en horari de despatx, 30 minuts abans de la celebració de l’eucaristia o en hores convingudes.

Coral: dimecres, a les 19:30

Adoració del Santíssim: els dijous, a les 19:30, amb el res de vespres.

Dinars parroquials: els dimecres, ens trobem als dinars a ca’l rector. Tothom que ho vulgui està convidat. Cal que avisi a Mn. Joan.

Catequesi infantil: començarem la catequesi d’infants el diumenge 14 d’Octubre, a les 11h. El diumenge 21 (també a les 11h) farem reunió de pares.

Voluntaris pel menjador: cales voluntaris pel menjador parroquial. Si tens unes hores lliures un matí, vine a donar escalf a la parròquia!

Parròquia Sant Cebrià de Barcelona

Arenys 65, 08035 Barcelona

Tlf. 605687156

Email: santcebria65@gmail.com

Web: santcebriabcn.org

 

DOMINGO XXVI

30 de SETIEMBRE de 2018

Los sacramentales. – El agua bendita

Rocíame con el hisopo, y quedaré limpio; lávame: quedaré más blanco que la nieve (Sal 50,9)

El agua bendita es un sacramental, instituido por la Iglesia, y usada con fe y devoción, purifica al cristianos de sus faltas veniales. Las bendiciones de personas y de cosas van acompañadas de algunos signos, y los principales son la imposición de manos, la señal de la cruz, el agua bendita y la incensación. El agua bendita es constituida por la bendición del sacerdote o del diácono, y como todos los sacramentales, “tiende como objetivo principal a glorificar a Dios por sus dones, impetrar sus beneficios y alejar del mundo el poder del maligno”.

El agua bendita “gozó siempre de gran veneración en la Iglesia y constituye uno de los signos que con frecuencia se usa para bendecir a los fieles” y también a los objetos. “Evoca en los fieles el recuerdo de Cristo que se dio a sí mismo el apelativo de “agua viva”, y que instituyó para nosotros el bautismo, sacramento del agua, como signo de bendición salvadora”.

Los judíos no bendecían el agua, considerándola una criatura bendita por sí misma, y le daban un uso religioso como elemento de purificación. Una ablución total es prescrita antes de la unción sacerdotal de Aaron y de sus hijos (Ex 29,4). Y después de la época de cautividad, el agua se empleaba en Israel como un bautismo de conversión y purificación, semejante al de Juan el Bautista. Los que se convertían, confesaban sus pecados, y mientras oraban, recibían del bautizador el agua purificadora.

Los cristianos desde el principio veneran siempre el agua, viendo en esa criatura el inicio de la primera creación y el comienzo de la creación nueva. Esta transformación del mundo por la gracia de Cristo es elocuentemente anunciada en Caná, donde el Nuevo Adán convierte el agua en vino (Jn 2,1-11). En el pozo de Jacob se manifiesta Jesús a la samaritana (Jn 4,6), y después a todo el pueblo, como fuente inagotable de una agua que da la vida eterna: “si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (7,37-39).

San Cirilo de Alejandría considera el agua, en el orden de la naturaleza, como “el más hermoso de los cuatro elementos” que constituyen el mundo (Catequesis III,5). Y en el orden de la gracia, sabemos que Dios elige el agua no sólo como medio de salvación en el Bautismo, sino también como materia imprescindible de la Eucaristía. Ya a mediados del siglo II, San Justino, al describir la celebración de la Eucaristía, testimonia que se realiza con “pan, vino y agua” (I Apología 67). Tertuliano (+220) refiere el lavatorio de manos en la celebración del sacrificio eucarístico (Apologia39): “El sacerdote, a un lado del altar, se lava las manos, diciendo en secreto: Lava me, Domine, ab iniquitate mea, et a peccato meo munda me“.

Bendición dentro de la misa

La bendición del agua puede hacerse en la Misa, según indica el Bendicional (1224): “La bendición y la aspersión del agua se hace normalmente el domingo, según el rito descrito en el [actual] Misal Romano” (apéndice 1: Rito para la bendición del agua y aspersión con el agua bendita). Tras un breve saludo, una de las oraciones que el Misal ofrece, y que expresa los efectos propios del agua bendita, dice así:

“Dios todopoderoso, fuente y origen de la vida del alma y del cuerpo, bendice + esta agua, que vamos a usar con fe para implorar el perdón de nuestros pecados y alcanzar la ayuda de tu gracia contra toda enfermedad y asechanza del enemigo. Concédenos, Señor, por tu misericordia, que las aguas vivas siempre broten salvadoras, para que podamos acercarnos a ti con el corazón limpio y evitemos todo peligro de alma y cuerpo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén”.

Prevé este Rito que donde “la costumbre popular” lo aconseje, se conserve “el rito de mezclar sal en el agua bendita”, bendiciendo previamente la sal. Una vez bendecida el agua, el sacerdote se rocía a sí mismo con el hisopo y puede luego recorrer la iglesia para la aspersión de los fieles. En el Tiempo de Pascua, por su carácter bautismal, este Rito es recomendado especialmente, sustituyendo al acto penitencial.

Bendición fuera de la misa

La bendición del agua fuera de la celebración de la Misa es dispuesta en el Bendicional según su orden propio: signación trinitaria, saludo, monición, lectura de la Palabra divina, oración de bendición, aspersión y despedida. Una de las oraciones de bendición dice:

“Señor, Padre santo, dirige tu mirada sobre nosotros que, redimidos por tu Hijo, hemos nacido de nuevo del agua y del Espíritu Santo en la fuente bautismal; concédenos, te pedimos [ + ], que todos los que reciban la aspersión de esta agua queden renovados en el cuerpo y en el alma y te sirvan con limpieza de vida. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén”.

Las pilas de agua bendita en las parroquias y las agua benditeras en los conventos y en las casas de familia han formado parte del mundo cristiano durante siglos, y son una Buena manera de ayudarnos a experimentar la gracia bautismal, que nos hace hijos, a lo largo del día y en los momentos de encuentro más importantes.

About Jordi Cerdà

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